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Reportajes



Nudibranquios, el carnaval de las babosas

Por: 
Carlos Minguell

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No pasan desapercibidos; difícilmente podría hacerlo un animal que parece una babosa en versión drag queen. A pesar de ello, estos bellos invertebrados son tan poco conocidos, que la inmensa mayoría de las especies carecen de un nombre con el que podamos referirnos a ellos, a excepción de los nombres científicos en latín con los que fueron bautizados por los especialistas.
Y esto en el caso de los centenares de especies que hasta el momento han sido clasificadas por los eruditos, ya que cada año se descubren unas cuantas nuevas, y es imposible saber cuántas especies de nudibranquios (o babosas de mar) quedan aún por clasificar. Lo que sí conocemos son algunos datos sobre la biología de estos fascinantes moluscos y, a través de ellos, podemos comprender cómo, a pesar de su frágil y llamativo aspecto, han conseguido sobrevivir en el competitivo medio marino. Para empezar, todos los nudibranquios son hermafroditas, lo cual significa que cada individuo es macho y hembra al mismo tiempo y puede aparearse con cualquier otro individuo de la misma especie. Un práctico sistema que facilita encontrar pareja en el vasto mundo submarino, duplicando además el número de huevos fecundados por cada pareja reproductora. Las babosas de mar suelen ser muy exigentes a la hora de alimentarse; todas son carnívoras y sus víctimas son organismos sésiles o de movimientos muy lentos como esponjas, hidrozoos u otros nudibranquios. Muchos están especializados en depredar a una única especie animal, en cuyo caso suelen aprovechar a sus presas para algo más que alimentarse: es el caso de algunas babosas de mar que copian el color exacto de la esponja de la que se alimentan a través de los tejidos que ingieren (homocromía alimentaria), con lo cual quedan perfectamente camufladas ante sus posibles depredadores. Otras especies aprovechan las cápsulas urticantes que poseen los hidrozoos (a las que son inmunes) incorporándolas a su propio cuerpo para poder utilizarlas como arma defensiva ante sus predadores. Sin ir más lejos, la delicada Flabellina affinis de las costas españolas emplea esta hábil estrategia.
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No es éste el único refinamiento que las babosas de mar utilizan para su protección; las especies más llamativas suelen tener un sabor desagradable, actuando en estos casos los vivos y contrastados colores del nudibranquio como un indicador que advierte a los posibles depredadores de su carácter incomestible. Otras han avanzado aun más en la guerra química y son capaces de excretar ácido si son atacadas e incluso existen nudibranquios con un nivel tan alto de toxicidad que un solo individuo puede matar en minutos a todos los peces y crustáceos que compartan con él un acuario. Un variado repertorio de estrategias reproductivas y defensivas que garantizan la supervivencia de las babosas de mar aunque, paradójicamente, son animales con un ciclo vital bastante corto: alrededor de un año para las especies más longevas y poco más de un mes en las que menos. Tiempo más que suficiente para que podamos admirar la delicada belleza de estos pequeños animales que, acertadamente, alguien definió como “las mariposas de los mares”.
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