El fallecimiento de David Gómez Samitier, su mujer Lourdes y sus hijas Jara e Iris, de 11 y 2 años de edad respectivamente, llegó a Fotonatura pocas horas después del grave accidente de tráfico que sufrieron. La noticia causó una gran conmoción, generando en foros y galerías numerosos testimonios en su recuerdo.
El fatal accidente, que causó la muerte instantánea de toda la familia, aconteció el domingo día 10 de abril a su regreso de una boda, cuando estaban a tan sólo 3 kilómetros de su domicilio. La Guardia Civil de Tráfico apunta a que pudo ser debido a la relajación que sufrimos todos los conductores en las cercanías de nuestro hogar, tras un largo trayecto.
Su trabajo como agente forestal, conservacionista y fotógrafo de la naturaleza nos era de sobra conocido en la redacción de Fotonatura, pero nunca se dio la circunstancia de un encuentro personal. Sin embargo, al buscar compañeros que quisieran participar en el modesto homenaje que queremos rendirle desde estas páginas, fue surgiendo una figura más completa.
Si hay algo que nos ha quedado claro de David y Lourdes, a través de los testimonios vertidos tanto directamente como a través de la prensa, es que eran una pareja muy activa socialmente, participando en numerosas iniciativas ciudadanas —no sólo de conservación—, lo que sumado a su carácter entregado, abierto y sincero, les ha granjeado la simpatía de numerosas personas. El abarrote de público que acudió a su entierro, así como representantes políticos y de distintos colectivos, testimonia el aprecio que se les tenía.
Una persona es como un prisma. Cada uno de nosotros, tan sólo ve un aspecto parcial. Con su desaparición, se van recuerdos, sentimientos, vivencias y conocimientos. Tan sólo lo que se ha compartido en vida permanece en la memoria de los que nos han conocido. Por este motivo, hemos querido abordar este homenaje reseñando primeramente sus aspectos de profesional de la conservación y de fotógrafo de la naturaleza, para seguir luego con breves trazos sobre su personalidad dibujados por compañeros que lo han conocido. Asimismo, hemos incluido expresamente la reseña de sus libros, pues a través de ellos comparte, aún hoy, su pasión y amor por la naturaleza, el saber acumulado por muchas horas de campo y las impresiones fugaces de la vida salvaje, que en muchas ocasiones retrató con acierto.
Una vida dedicada al quebrantahuesos
“Ser agente de la protección de la naturaleza en Aragón es un privilegio:
una vida dedicada a proteger lo más bello de nuestra existencia”
David Gómez Samitier
David Gómez ha sido uno de los mejores hombres que Aragón ha tenido como conservacionista, fotógrafo y escritor en temas de naturaleza. Pero ante todo ha sido una gran persona, compañero y amigo. Un hermano para mí.
Compartí con él 25 años de mi vida debido a nuestro común objetivo: ayudar a las rapaces a sobrevivir en su entorno. De esta faceta suya como naturalista y conservacionista voy a escribir.
Conocí a David una tarde cualquiera del año 1979, mientras yo estaba observando buitres en un muladar cercano a mi casa. Él andaba por allí buscando lo mismo que yo, ver a los buitres lo más cerca posible, observar su comportamiento, conocerlos mejor...
Esa tarde hablamos de pájaros y de su situación. Ambos conocíamos los informes de Félix Rodríguez de la Fuente sobre la existencia de un buitre muy escaso que habitaba en los Pirineos. En su búsqueda, decidimos empezar a llevar huesos y carne a zonas estratégicas de los Pirineos y de la Sierra de Guara. De esta manera tan simple comenzamos a unir nuestros esfuerzos y —por entonces— escasos conocimientos en pro de las aves carroñeras.
Al principio se trataba de mantener una especie de “comederos volantes”. Básicamente, lo que hacíamos era localizar los nidos de quebrantahuesos y depositar la comida (restos de huesos y carne) en algún sitio cercano. Era importante, sobre todo, hacerlo en las épocas de cría, y durante las primeras semanas de vida de los pollos recién nacidos.
Algunos de estos nidos estaban a distancias bastante considerables y no se accedía a ellos mediante vehículo precisamente, así que cargábamos nuestras mochilas de “manjares” y las subíamos a nuestras espaldas.
Enseguida pensamos en crear nuestro propio comedero, para las aves que veíamos en nuestro entorno. Así fue cómo en el antiguo muladar de Binaced, con la colaboración del Ayuntamiento que nos cedió los terrenos, comenzamos a llevar comida de una forma sistemática. Se trataba de experimentar si esta idea era viable, así que con miembros de ANSAR-Monzón, acondicionamos el terreno. Incluso no tardamos en conseguir una subvención del entonces MOPU, de 250.000 pesetas, que nos sirvió para comprar un remolque y dejar de meter la comida en el interior de nuestros vehículos particulares.
Después llegó el comedero de Estadilla. Cuando fuimos al Ayuntamiento a solicitar permiso para utilizar los terrenos que nos interesaban, los concejales se lo tomaron a risa, aunque, eso sí, no hubo ningún impedimento. Con lo cual nos pusimos manos a la obra para vallarlo. Nunca olvidaré las ampollas que nos salieron en las manos, especialmente a Lourdes, que no podía ni siquiera cerrarlas.
La cosa iba para adelante: teníamos dos terrenos que poco a poco íbamos acondicionando; David llevaba comida a Estadilla y yo a Binaced.
En aquel momento, año 1984, fue cuando decidimos formalizar un poco el tema y crear una asociación sin ánimo de lucro. Éramos entonces cinco personas, David, Lourdes, Pepe, Vicente y Manuel, y seríamos a partir de entonces el Fondo Amigos del Buitre (FAB).
David, alcanzó su sueño de ser agente forestal, pero seguíamos viéndonos periódicamente, siempre para comentar temas, crear nuevos proyectos, compartir ideas, etcétera.
Decidimos entonces abrir el FAB a posibles nuevos socios, y en poco tiempo llegamos a ser más de 50. Había gente dispuesta a colaborar, como Diego, que se responsabilizó de atender el comedero de Estadilla, con lo cual pudimos crear otro en Bierge, zona donde David tenía bastante arraigo y podía gestionar. Allí colaboramos en la instalación de un observatorio de madera, donde pudieran los visitantes observar a los pájaros sin molestarlos.
Después hicimos público el comedero de Santa Cilia de Panzano, lugar donde llevábamos tiempo echando comida, pues era muy frecuentado por los quebrantahuesos. Pero aquí llegamos un poco más lejos al poder ver cumplido otro de nuestros sueños, La Casa de los Buitres, museo en cuyo diseño, ejecución y gestión ha sido partícipe importante el FAB.
Nuestra actividad había adquirido una dimensión importante. Llegara el momento de plasmar sobre el papel nuestro trabajo, así que redactamos lo que da base a todo nuestro hacer: el
Proyecto Gypaetus Percnopterus. Los comederos pasaron a llamarse “áreas de alimentación suplementaria”. A través del mismo hemos podido dar a conocer nuestra labor conservacionista y presentarlo en diferentes convocatorias de ayudas en el ámbito estatal, tanto de instituciones públicas como privadas.
Precisamente, gracias a las modestas ayudas económicas conseguidas a través de estos premios pudimos recientemente comprar el muladar de Naval, que era nuestro próximo proyecto y que les hacía una especial ilusión a David y Lourdes.
David y Lourdes fueron socios fundadores del FAB y se han marchado. Nos dejan huérfanos de su presencia y vacío el corazón. Descansad en paz hermanos, velaremos vuestros sueños y esto nos dará fuerzas para continuar nuestra lucha por la conservación de las rapaces.
José Manuel Aguilera Sanz, presidente del Fondo Amigos de los Buitre | Web