Olympus siempre ha sido un nombre asociado a la fotografía. En su haber hay cámaras míticas, como la OM1 y su sucesora la OM-2 Spot Program, o su sistema macro, legendario donde los haya. Sin embargo, a inicios de la era del autoenfoque decidió centrarse en el sector de las cámaras compactas (con éxitos tales como la Olympus ¦Ì) y compactas de gama alta como las Olympus IS. Ahora ha vuelto con energía a la arena de las cámaras réflex de objetivos intercambiables con todo un sistema de cámaras, objetivos y accesorios para la fotografía digital.
Aprovechando que el pase a digital está llevando a muchos fotógrafos a tener que replantear su equipo (los cuerpos de película van a dejar de utilizarse, los flashes no son compatibles con los cuerpos digitales, las ópticas cambian de funcionalidad a causa de los factores de multiplicación digital y, en muchas ocasiones, su calidad no está a la altura de la capacidad de los sensores digitales), Olympus ha decidido reincorporarse a la batalla de las grandes marcas por el mercado de las réflex más populares.
Algunas personas han recibido este retorno con escepticismo. Sin embargo, muchos otros lo acogimos con curiosidad, sin dudar de la capacidad del fabricante, habida cuenta de su historial en el que figuran cámaras excelentes y ópticas de primerísima calidad.
La guerra de formatos: el formato 4/3”
Pero Olympus no se incorpora a la batalla sin más, sino que aparece ofreciendo un estándar. Con el advenimiento de la era digital surgieron los primeros problemas en la fabricación de sensores. Las limitaciones tecnológicas y de coste llevaron a los fabricantes a producir sensores que no alcanzaban el formato de las cámaras de 35 mm, las más populares hasta el momento. Obviamente, tampoco estaban forzados a que así fuera, pero la construcción de sensores más pequeños que el formato 24x36 provoca que el comportamiento de los objetivos que actualmente poseen los fotógrafos se vea multiplicado por un factor, mayor cuanto menor sea el tamaño del sensor.
Hasta el momento, no ha prevalecido un estándar o una tendencia definida. Así, vemos que Nikon ha apostado desde el principio por el factor 1’5x y Sigma por 1’7x. Canon, el líder indiscutible en el ámbito digital, no termina de decidirse recientes declaraciones de sus representantes no auguran que esto suceda próximamente, presentando en su gama alta factores 1x (en las cámaras orientadas al estudio) y 1’3x (en las orientadas a prensa y deportes), dejando las cámaras para aficionados en el factor 1’6x. Por su parte Kodak utiliza el factor 1x en todas sus cámaras réflex de objetivos intercambiables, tanto para monturas Nikon como Canon, adoptando Fuji el factor 1’5x de modo similar a Nikon, de la cual adopta las bayonetas. Aunque se sale del tema que nos ocupa, como referencia, en las cámaras compactas nos encontramos que en las de gama alta incluidas las de 8 megapíxeles se utiliza un factor 4x (el tamaño del sensor es de tan sólo 8’8x6’6 mm), e incluso superiores para las más económicas.
La aparición de factores de multiplicación ha potenciado los teleobjetivos (con menor coste tenemos objetivos más potentes sin perder luminosidad, algo ideal para la fotografía de fauna), pero ha perjudicado las focales de los grandes angulares, con lo que los fabricantes han tenido que desarrollar objetivos específicos que no son compatibles ni con sus cámaras de película ni con las digitales con factor menor.
Ante esta situación, Olympus, en compañía de Kodak, propuso un nuevo formato basado en un factor de multiplicación 2x, que a la vez supone un cambio en las proporciones del fotograma. En la película de 35 mm, el fotograma es de 24x36 mm, con lo que el lado más largo es 1’5 veces la dimensión del corto. Esta proporción hace demasiado alargado el fotograma especialmente en el mercado americano para muchas aplicaciones, tales como el copiado en papel o para la impresión en revistas a página completa, donde los extremos del fotograma son frecuentemente recortados. Por ello se propusieron unas proporciones más cuadradas, dejando que el lado largo sea 1’3 veces la longitud del corto (de modo similar a como ocurre en formato medio con el 6x4’5). Así es como llegamos al anuncio en septiembre del 2002 del formato four thirds por parte de Olympus y Kodak, al que se han adherido primero Fuji y luego Panasonic, Sanyo y Sigma.
Las ventajas del estándar four thirds no sólo radican en la uniformidad del factor de multiplicación y de las proporciones del encuadre, sino que también abarcan una serie de estándares que afectan a la montura de los objetivos, de modo que a la cámara de un fabricante se le puedan acoplar los objetivos de otros fabricantes, con una compatibilidad plena. Si tiene éxito esta iniciativa, volveríamos a la situación anterior a la aparición de las monturas de bayoneta exclusivas de cada marca. Adicionalmente, al diseñar los objetivos específicamente para este formato más pequeño, pueden ser más compactos y ligeros que los de 35 mm.
Claro que no todo son ventajas, porque cuanto más reducido es el tamaño del sensor, más difícil es situar en él un número elevado de fotocélulas (que se traducen en los píxeles de la imagen resultante) y más fácil es la aparición de ruido. Por tanto, la fabricación de estos sensores cuyo tamaño es de 18x13’5 mm se encuentra ante el reto tecnológico de competir en número de píxeles sin perder terreno en el ruido ni en el rango dinámico, frente a fabricantes que han optado por factores mayores a expensas de un coste económico superior.