Vila Editorial, 2003; 143 páginas, 146 fotografías, 29x29 cm, tapas duras.
Idioma: Castellano.
Cualquier libro con la firma de Ricardo Vila merece una revisión atenta, porque nunca nos ha defraudado, y cuando asoma una publicación suya, uno se pregunta qué nos deparará en esta ocasión. Como sus obras suelen estar apropiadamente tituladas, nos podemos imaginar con el título
Colores de qué va esta obra, pero no cómo.
Efectivamente, uno puede sospechar que este libro está lleno de flores, de mariposas y de vistosas aves. Pero, en gran medida se equivoca. Hay que recurrir al subtítulo para darse cuenta de que la búsqueda del color en la naturaleza no se ciñe a los temas que un niño pintaría ante el requerimiento de su maestro.
Antes de nada, hay que remontarse a cómo surge esta obra. Los sucesivos éxitos editoriales de sus anteriores títulos llevaron a que una entidad financiera le encargara la publicación de un libro en la misma tónica de calidad que sirviera como presente navideño. Como suele ocurrir en estos casos, los promotores no son conscientes de que una obra fotográfica de primera línea no se realiza de hoy para mañana: Ricardo tenía tan sólo tres meses para concebir, desarrollar, diseñar e imprimir un libro que estuviera a la misma altura que los anteriores, a los que dedicó desde siete años en el primero hasta dos en el último.
Obviamente, la única forma de salir airoso de este atolladero era recurrir al enorme volumen de imágenes que dormían en su archivo. Por ello, antes de nada, este libro funciona, por una parte, como una antología del trabajo que ha realizado Ricardo en todos estos años y, por otra, sirve de disculpa para mostrar muchas imágenes que no encontraron acomodo debido a su temática en sus otras obras, mostrando facetas de su trabajo menos conocidas.
Hay dos aspectos que llaman la atención. Por una parte, la abundancia de imágenes referidas a los detalles, bien sean patrones repetitivos, frutos u hojas -sean caídas en el suelo, congeladas por el invierno o comidas por los insectos-. Obviamente no falta toda la gama de flores, de cielos crepusculares o paisajes otoñales, pero es curioso como, además de los paisajes en los que previsiblemente dominan los colores vivos, también tienen presencia efectiva los tonos apagados de marrones, violetas y azules, o la completa ausencia del color, como en el caso de imágenes monocromáticas en torno a los grises y blancos.
Aunque en este caso abandona la colaboración de Darana Editorial y de su excelente diseñadora gráfica, la edición mantiene el nivel de calidad de las anteriores: un lujo primoroso. Los nuevos diseñadores, Factor de Comunicación, no se quedan atrás, pero optan por una presencia más notoria de los elementos gráficos. Aunque Ricardo escribe con fluidez y armonía, dada la premura de la obra y para darle mayor variedad a los textos, ha recurrido a una docena de autores -entre los que se incluye- de la más diversa procedencia (poetas, científicos, pintores, periodistas...), para que expongan de un modo muy personal qué inspiración y recuerdos les trae el color elegido de entre los que componen los capítulos del libro, con lo que el variado cromatismo, de algún modo, se extiende a los textos.
Ricardo, inteligente creador de situaciones que permitan a la buena suerte llamar a su puerta, logró que este libro sea una historia con final feliz: A pesar de las limitaciones temporales, los promotores quedaron impresionados por el resultado y los lectores en general no veremos limitado el acceso a esta obra -inicialmente con carácter exclusivo para los clientes del promotor, ahora se puede adquirir en librerías-.
AUTOR/ES