Mediante un análisis exhaustivo de las fotografías premiadas en el certamen de fotografía de la naturaleza más prestigioso del mundo, Luis Miguel Ruiz Gordón nos ofrece un balance de diversos aspectos (encuadres, luces, composición, especies, autores y nacionalidad de los mismos) relacionados con las fotografías galardonadas, publicadas en los libros catálogo del concurso entre los años 1992 y 2001, ambos inclusive, permitiéndonos conocer un poco más este evento.
El concurso
Wildlife Photographer Of The Year comenzó en 1965 con la revista
Animals. En 1984 la revista
BBC Wildlife, junto con el Museo de Historia Natural de Londres, dieron un nuevo impulso al certamen, pero hasta 1991 no vería la luz el primero de los libros que recogen el resultado del concurso.
Esta competición está avalada por personajes tan relevantes como Gerald Durrell, David Bellamy o David Attenborough, y en ella participan numerosos fotógrafos de todo el mundo, incluidos algunos de los profesionales de mayor prestigio internacional.
Para tener una referencia del volumen de participación y de su cosmopolitismo, veamos las siguientes cifras: En el año 1992 se presentaron a concurso un total de 10.000 fotografías de 42 países y en la edición de 2001 participaron 19.000 fotografías de 60 países. En la última edición de 2003 han sido 20.500 imágenes las que han participado, nuevamente de 60 países diferentes.
Un concurso con variadas categorías
Una de las características más interesantes de esta competición internacional es la de contar con distintos apartados temáticos. Estas categorías se han mantenido a lo largo de los años, aunque en algunos casos se han incluido puntualmente secciones nuevas. Con este sistema, se garantiza la variedad en el resultado global y se brindan oportunidades a imágenes que tendrían muy difícil reconocimiento en un certamen con una categoría única. Por ejemplo, si la fotografía de un gran depredador cazando a su presa tuviera que competir con una bonita imagen de una flor o un paisaje, lo más probable es que estos últimos siempre quedasen relegados a un segundo lugar.
Por otra parte, los animales en acción suelen acaparar la atención del espectador por su dificultad y espectacularidad, y más aún si se trata de los grandes carnívoros, como podemos comprobar en el análisis de las imágenes premiadas a lo largo de una década. Pero primero conozcamos las distintas categorías.
En la categoría Animales en su entorno las fotografías deben realzar el hábitat de los animales o plantas retratadas, de modo que se muestre la relación de los seres con el entorno que habitan.
Las categorías de Mamíferos, Aves, Otros animales y Mundo subacuático, valoran especialmente las imágenes de animales en libertad que ilustran el comportamiento natural, pero en ellas también se considera su valor estético. No se descartan las fotografías de nidos o de crías.
En Retratos animales las fotografías han de mostrar al animal en el centro o en todo el encuadre y han de transmitir el espíritu del modelo. A diferencia de las anteriores, esta es la categoría con mayor participación.
El apartado Composición y forma centra su atención en el aspecto estético de la imagen y debe mostrar la naturaleza de forma abstracta o sugerente.
Del crepúsculo al amanecer abarca las fotografías obtenidas entre la puesta y la salida del sol. Es importante tener presente que el sol puede estar sobre el horizonte, pero no por encima de él.
Los apartados de Plantas y Tierras vírgenes pretenden resaltar la belleza y la grandiosidad de los temas retratados y, como dijimos anteriormente, dan oportunidad a motivos que estarían en desventaja a la hora de competir con imágenes de fauna en acción en un certamen sin apartados.
En El mundo en nuestras manos se muestra, de forma simbólica o brutal, nuestra dependencia de la naturaleza, o nuestra capacidad para destruirla. La foto denuncia no es bella, pero sí tan real como necesaria.
Naturaleza en ciudades y jardines nos descubre la vida que se desarrolla entre nosotros y nos ofrece contrastes visuales muy curiosos. Al parecer no hay mucha participación en este apartado.
El apartado denominado Premio Gerald Durrell, está dedicado a las especies amenazadas, vulnerables o en peligro (según la Lista Roja de la UICN).
El Premio Eric Hosking se instauró en 1991 en honor al fotógrafo de aves más famoso del Reino Unido. Este fotógrafo pionero, trabajó en la sierra de Cádiz y en Doñana durante los años 1956 y 1957, en compañía del profesor José Antonio Valverde. Este premio se concede a la mejor colección de seis fotos realizadas por un fotógrafo menor de veintiséis años con la intención de promocionar los jóvenes valores.
El premio Fotógrafo joven de la naturaleza consta de tres categorías: Menor de 10 años, entre 11 y 14 años y entre 15 y 17 años. Cada apartado tiene sus ganadores y entre todos ellos se elige el fotógrafo joven del año.
Ocasionalmente las bases del concurso han incluido apartados como Naturaleza británica, Comercio de la vida salvaje, Primates en peligro, Paisajes de las zonas húmedas, Insectos, Historias de la vida salvaje, Reptiles en peligro o Imágenes graciosas.
En la convocatoria del 2002, surgió un nuevo premio muy interesante: Premio a la innovación. Este premio se concede a la imagen que aborda de un modo diferente y original el sujeto fotografiado y puede recaer en una imagen ya premiada en otra categoría.
Finalmente, de entre todos ellos se seleccionan los que se considerarán los mejores Fotógrafo del año y Joven fotógrafo del año.