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Safaris africanos

Cómo organizar un viaje al encuentro de la gran fauna
Por: 
José María García de Francisco

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La palabra safari, que significa "viaje” en la lengua kiswahili, nos evoca los míticos paisajes de las sabanas del este africano o del África austral. Es uno de los destinos prioritarios para gran parte de los profesionales y aficionados a la fotografía de la naturaleza en todo el mundo. Los grandes parques africanos concentran las mejores comunidades de megafauna que se pueden encontrar en nuestro planeta. Estos espacios nos dan la oportunidad de observar y fotografiar la fauna salvaje como en ningún otro lugar del mundo, o al menos, no con tanta facilidad como en estas latitudes.
La imagen romántica del explorador africano del siglo XIX, cuyo estereotipo corresponde a las vidas y expediciones de Stanley, Livingston, Baker, Burton, Speke y Thompson, que solían padecer graves peligros, enfermedades y múltiples incomodidades, ha dado paso a la del turista occidental, que busca unas vacaciones exóticas que le permitan conocer los santuarios naturales archidivulgados por todas las televisiones del mundo.
Para ello el turista cuenta con una amplia infraestructura, cuyo establecimiento y mejora se ha convertido en una prioridad de los países que, como Kenia, Tanzania, Namibia o Botsuana, han hecho del turismo de la naturaleza uno de los sectores más prósperos de su economía.
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A la hora de preparar un safari fotográfico por África se nos van a plantear muchas posibilidades, debido sobre todo a la ingente oferta de los tour operadores. El fotógrafo, tanto el profesional como el amateur avanzado, deberá considerar ciertos requisitos mínimos para garantizar que su ansiado safari sea una experiencia positiva y no un viaje relámpago y frustrante por una gran cantidad de parques que sólo podrá visitar de pasada.Aconsejaré un tipo de viaje que trata fundamentalmente de maximizar el tiempo dedicado al safari, entendiendo éste como las horas que pasamos recorriendo los espacios naturales protegidos, y ajustar los costes de forma que estos no se disparen, lo que significa que dormiremos en tienda de campaña y sólo podremos tomar una Coca-Cola en el lodge.

Organizando el viaje

Para empezar debo comentar que el tipo de viaje que propongo obliga a un requisito previo sin el cual es mejor plantearse otra opción, esto es, un conocimiento mínimo de inglés por nuestra parte o, por lo menos, de alguno de nuestros compañeros de viaje.
Es importante que seamos nosotros los que diseñemos el viaje, es decir, los destinos y el tiempo que deseamos pasar en cada uno de ellos. Esto es importante porque la mayoría de los safaris organizados no nos permitirían recordar, a la vuelta del viaje, si la jirafa reticulada la hemos fotografiado en Samburu o en Amboseli, o si el gerenuc era de Buffalo Springs o del Tsavo. De cualquier manera creo acertado, por haberme equivocado alguna vez, utilizar la máxima “pocos parques es igual a más tiempo de safari”, dado el precioso tiempo que se pierde en los desplazamientos entre parques. En cualquier caso existen dos formas de organizar el viaje: Alquilando un vehículo y viajando por libre, o contratando un guía-conductor y un cocinero.

Alquilando un vehículo y viajando por libre

La opción ideal para Namibia o Sudáfrica, que tienen parques con buenos campings, donde incluso podremos hacer la compra, ducharnos, lavar la ropa y hasta, en algunos como Ethosa, bañarnos en la piscina. Se trata de países poco peligrosos, si exceptuamos las ciudades, como Johannesburgo y su famoso barrio de Sowetho. En estos países los alquileres de vehículos hacen razonable esta opción.
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