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Técnica



Azul y negro

La luz en la fotografía submarina
Por: 
Pedro A. Sánchez Ayaso

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Bajo la superficie del mar se pierden los colores cálidos y tenemos que valernos del flash electrónico para recuperarlos. En estas circunstancias no es extraño confiar excesivamente en nuestro flash sin tener en cuenta una adecuada exposición de la luz natural. La difícil tarea de conseguir una correcta iluminación mixta tiene como resultado unas fotografías más naturales.

Las herramientas de trabajo

En la actualidad, si bien existen cámaras anfibias como la legendaria Nikonos V o la más asequible Motor Marine II de Sea&Sea, la mayor parte de los fotógrafos submarinos utilizan cámaras réflex de formato universal protegidas por una caja estanca. Las cajas estancas se fabrican en policarbonato (Ikelite) o en aluminio (Acuática, Seacam, Subal...). Por aquellas cosas del mercado, la mayoría de los fabricantes de cajas estancas hacen sus modelos para cámaras Nikon. Así es fácil encontrarlas para la F5, F100, F90x, F80 y F70, y más recientemente para la D100. También se encuentran cajas para cuerpos de Canon, Minolta y Pentax, pero son más escasas. Encargar a medida una caja para una cámara cuyo modelo no se fabrique de serie puede tener un coste excesivo.
Al igual que cada cámara tiene su caja, los objetivos tienen sus frontales o preobjetivos. Los frontales son planos para los objetivos angulares moderados, normales y teles cortos (con frecuencia macros). En cambio, tienen forma de cúpula para los angulares entre 28 mm y grandes angulares ojo de pez.
Los flashes para uso submarino son más voluminosos. Suelen llevar una luz piloto incorporada para iluminar en zonas de sombra y ayudar al enfoque en macro. El número guía para uso en aguas limpias corresponde aproximadamente a 1/3 del número guía terrestre y se sitúa en los flashes de gama medio-alta entre 11 y 19 metros para 100 ISO. Los fabricantes siempre son algo más optimistas al indicar el número guía de los modelos que ofertan. Es mejor que iluminen un área circular, dado que se cambian con gran frecuencia de posición. Suelen ir montados en brazos articulados, especialmente largos para la fotografía con grandes angulares.
No usamos trípodes, aunque toda regla tiene excepciones que la confirman. Por la mayor densidad del agua, habría que lastrarlos más en su base, lo que los haría aún más incómodos. Las corrientes y el mar de fondo disminuyen notablemente su pretendida estabilidad.
Las películas usadas no difieren de las habituales. Hay cierta preferencia por el uso de diapositivas. Velvia 50 tiene su espacio privilegiado en la macrofotografía submarina y películas de 100 ISO como Provia, Kodak-VS, Sensia o Elite para uso general.

Las luces que tenemos bajo el mar

Una de las primeras cosas que se aprende cuando se empieza en la fotografía submarina es que bajo la superficie del mar hay menos luz y que además es distinta. El agua del mar actúa como un filtro selectivo y, según va aumentando la profundidad, va absorbiendo determinadas longitudes de onda del espectro visible. Apenas bajamos 2 metros, el rojo empieza a modificarse, para desaparecer a – 5 metros. Le sigue el naranja que se pierde entre – 5 y – 15 metros. El amarillo disminuye a partir de – 10 y desaparece del todo a – 30 metros. A esa profundidad el color dominante es azul-verdoso, y por debajo de – 55 metros gris-azulado.
Para superar el problema de la absorción selectiva, la mejor solución para obtener un buen rendimiento cromático con película en color es el empleo del flash electrónico. Es por ello que gran parte de las imágenes submarinas tienen una iluminación mixta, o incluso exclusivamente artificial.
Los flashes para uso subacuático suelen tener una temperatura de color más cálida que la luz de día, incluso variable según el tipo de fotografía que se desee. Hay que tener en cuenta que el agua actúa como un filtro azul y progresivo, y esto es válido no sólo en vertical, tal y como hemos comentado con las distintas profundidades. También hay que tener presente que cuanta más cantidad de agua se interponga entre el sujeto iluminado y el flash, tanto más fría será la luz que recibe de éste. Así, se suelen utilizar flashes con temperatura de color en torno a 5.000 °K para tomas próximas, como el macro. En el caso de querer iluminar sujetos algo más alejados, como sucede en cierta fotografía de peces o de paisaje (llamado “ambiente” en la fotografía submarina), los flashes cálidos dan una tonalidad más apreciada, con luz de entre 4.300 y 4.500 °K. A partir de dos metros de distancia, independientemente de la potencia luminosa del flash, el rendimiento cromático, amén de la nitidez, se resiente tanto que conviene pensar en apagar el flash y sacar el máximo partido a la luz natural.
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