¿Qué amante de la fotografía no ha tenido nunca la intención de fotografiar las estrellas? El resultado de esta pregunta es de fácil respuesta y de esta forma nació la astrofotografía. Conseguir buenas fotografías celestes no es tarea difícil. Para ello deberemos buscar cielos limpios y alejados de los núcleos urbanos, fuera de la creciente contaminación lumínica, además de conocer la técnica adecuada y disponer de los medios necesarios.
Sólo existen dos diferencias considerables con la fotografía convencional. Por una parte, salvo la Luna y el Sol, que podemos considerar como objetos diurnos, todos los demás son nocturnos y, por lo tanto, objetos débiles que precisan de largos tiempos de exposición. Por otra, hay que compensar el movimiento aparente de la Tierra con respecto a la bóveda celeste.
Un atractivo adicional que tiene la fotografía astronómica es que, cuando disparamos nuestra cámara, no estamos fotografiando el presente. La luz que captamos de la Luna —que es el objeto más próximo a la Tierra— es de hace poco más de un segundo, 8 minutos la del Sol, hora y media la de Saturno, tardando la de la galaxia de Andrómeda más de 2 millones de años en alcanzarnos. Podemos fotografiar objetos tan lejanos que cuando partió la luz de ellos habitaban en la tierra los dinosaurios o no se había creado ni tan siquiera el sistema solar. Por lo tanto, lo que estamos fotografiando en realidad es el pasado y no sabemos si actualmente continúan existiendo muchos de esos objetos estelares.
Astrofotografía básica
Para practicar astrofotografía básica no se precisa de instrumentos astronómicos y podemos realizarla con un equipo convencional formado por la cámara fotográfica, objetivo, trípode, cable disparador y película. Hagamos un repaso a las características más convenientes para estos elementos.
Cámara: Las cámaras adecuadas para la fotografía astronómica son las réflex de paso universal —también conocidas como de 35 mm—, pero deberemos huir de las complejas y sofisticadas máquinas autofoco y su ingente nube de componentes electrónicos. Las más idóneas son las que poseen una gran sencillez mecánica y que disponen de posición “B” o “T”, permitiéndonos de esta forma tiempos de exposición prolongados sin el consumo de batería.
Otras consideraciones a tener en cuenta en una buena cámara para astrofotografía son que el espejo interior pueda subirse manualmente (para evitar vibraciones en el disparo), que permita el intercambio de pantallas de enfoque (algunos fabricantes tienen modelos especialmente luminosos para astrofotografía) y la multiexposición (permitiéndonos de esta forma realizar una secuencia en un solo fotograma de todo un eclipse de luna o de sol).
Objetivo: La mayoría de este tipo de cámaras va dotada de un objetivo de 50 mm, siendo el más idóneo para hacer gran parte de las fotografías que no precisan de telescopio. Obviamente, si se dispone de otros objetivos nuestras posibilidades aumentan. Los objetivos de focal fija son más recomendables que los de focal variable, principalmente por la calidad óptica de los primeros y teniendo en cuenta que la focal de estos últimos puede variar en el transcurso de una exposición larga, obteniendo de esta forma resultados no deseados.Cable disparador: Nos permitirá el disparo a distancia favoreciendo la ausencia de vibraciones causadas cuando se pulsa directamente el disparador de la cámara.Trípode fotográfico: Es imprescindible para lograr la estabilidad de la cámara en las exposiciones largas.
Película: Para este tipo de fotografía, la práctica ha demostrado que las diapositivas dan mejores resultados que los negativos, siendo Kodak Ektachrome E200 y Fujichrome Provia 400F las películas más recomendables.
Para aplicar estas fórmulas, primero debemos saber que el ecuador celeste está situado a 90º al sur de la estrella Polar. Una manera fácil de conocer su posición es tomando la latitud del lugar de observación (por ejemplo, Barcelona está a 41º aproximadamente) sabiendo que esta posición está en el cenit, justo encima de nuestras cabezas. El ecuador celeste, en este caso, está a 41º hacia el sur desde el cenit. Esta misma regla se puede aplicar en el hemisferio sur, pero habrá que hacerlo en dirección al norte.