Barro y fango por todas partes. Pero en unas horas todo se ha transformado y se ha cubierto de agua. Efectivamente, estamos en uno de los ecosistemas más fascinantes: las marismas.
Estos ambientes son ecosistemas muy atractivos para las aves, una gran variedad y cantidad de vida: crustáceos, moluscos, gusanos y muchos animalillos más que sirven de sustento a multitud de aves. Cuando las aguas se retiran y dejan al descubierto los lodos y fangos, las aves acuden a ellos para alimentarse. Santoña es uno de estos maravillosos enclaves. Situada a escasos 50 kilómetros de Santander (en la costa Norte de España) y considerado como el humedal más importante del norte de la Península Ibérica, con una extensión de 2.900 hectáreas, estas marismas fueron declaradas reserva natural en 1992 y en julio de 1994 adheridas al convenio Ramsar.
Tesoros de la avifauna Santoñesa
Las aves son, sin lugar a dudas, las grandes protagonistas de las marismas de Santoña, pues han tomado este enclave de la costa oriental de Cantabria como su paraíso natural. Hoy en día, este humedal reconocido internacionalmente es el espacio escogido como lugar de alimentación y descanso para comunidades de limícolas, anátidas, zancudas y otras aves llegando a albergar, sobre todo durante los pasos migratorios y la invernada, cerca de 20.000 ejemplares.
El número de especies que podemos encontrar es interminable, desde los pequeños chorlitejos hasta las esbeltas garzas pero, sin duda, la reina de la reserva natural es la espátula (Platalea leucorodia), ave que ha dado importancia internacional a las marismas. Procedentes de Holanda, han escogido estas marismas como lugar de paso e invernada, produciéndose las máximas concentraciones durante los pasos postnupciales (septiembre y octubre) y los pasos prenupciales (febrero y marzo), quedando en invierno unas 20 aves.
Otras dos especies que son muy raras invernantes en la Península Ibérica, y que en las marismas de Santoña son asiduos visitantes, son el éider (Somateria mollissima), pato marino de gran tamaño, y el escribano nival (Plectrophenax nivalis), rechoncho paseriforme que habita las montañas del norte de Europa.