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Recordando a Galen Rowell y Barbara Cushman

Por: 
Oriol Alamany

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El pasado lunes 12 de agosto, por la noche, un mensaje del foro Fotonatura nos comunicaba un triste suceso:
"Subject: [fotonatura] Noticia muy triste
Hola compañeros,
Acabo de abrir el mail y he recibido un mensaje de Moose Peterson —estoy suscrito a su lista—. Dice que ayer domingo Galen Rowell y su esposa Barbara murieron en un accidente de avión. La verdad es que he quedado impresionado y bastante triste, ya que con sus libros he aprendido un montón y es casi como si le conociera un poco, era un modelo al que seguir. Supongo que a alguno de vosotros os pasará lo mismo. Un recuerdo para él y su esposa.
Saludos,
Jesús Rodríguez"


Al ver el mensaje me quedé pasmado, incrédulo. De inmediato tecleé en el ordenador la dirección de Mountain Light —el sitio web de Galen y Barbara— y constaté que su habitual carátula de entrada había sido sustituida por otra con un retrato de la pareja de fotógrafos y una esquela. La noticia era terriblemente cierta.
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Galen Rowell era una de las figuras mundiales de la actual fotografía de paisaje y deportes de montaña, además de escritor y notable alpinista. He leído varios de sus libros —Luces de montaña, un fantástico alegato sobre la creatividad personal en la fotografía, fue publicado en español en 1975— y desde hace unos seis años seguía su columna mensual en la revista Outdoor Photographer. Sus fotografías, sus opiniones y sus disquisiciones al límite de la filosofía —unas veces acertadas, otras altamente polémicas, pero siempre interesantes—, me habían hecho meditar con frecuencia sobre algunos de los aspectos más conflictivos que afectan a la fotografía de la naturaleza actual. La implicación personal del fotógrafo en la creación de sus imágenes, la fotografía como un medio para la conservación de los espacios naturales, los límites del retoque digital, la fotografía de animales cautivos o amaestrados, eran algunos de sus temas recurrentes.

Su segunda mujer y compañera en su negocio Mountain Light, Barbara Cushman, también fotografiaba y escribía, aunque siempre quedó en un segundo plano debido a la notable fama de su marido. Ella también era piloto de avioneta, aunque en el momento del fatal accidente quien pilotaba era otro de los fallecidos.
A la mañana siguiente, día 13, la conmoción era general en las web de fotografía norteamericanas. Algunas —como la del fotógrafo Art Wolfe—, incluso había cambiado su carátula de entrada para dedicar un recuerdo a estos dos grandes fotógrafos.
Los hechos fueron aclarándose poco a poco. En Mountain Light habían colgado una nota de prensa: El domingo 11 por la mañana Galen y Barbara regresaban de impartir uno de sus talleres fotográficos circumnavegando el mar de Bering, en Siberia y Alaska, cuando la pequeña avioneta que les traía de regreso a su residencia en Bishop (California) se estrelló de modo inexplicable durante la maniobra previa al aterrizaje. Los cuatro pasajeros perecieron. Todo apunta a un fallo mecánico, ya que la meteorología era perfecta y el piloto altamente cualificado.

Una vida dedicada a la fotografía y a la naturaleza

Rowell nació en agosto de 1940 en Berkeley (California, EE.UU.), y era hijo de un profesor de la universidad y de una concertista y profesora de violoncelo, por lo que gozó de una educación refinada. En sus escritos compararía con frecuencia el arte de la fotografía con el de la música. Empezó a subir montañas a los diez años de edad, de la mano de sus padres, y a lo largo de su intensa vida acabaría participando en más de 40 expediciones en los siete continentes y ambos Polos.
A los 16 años empezó a escalar, afición que en su época universitaria combinaría con el trabajo de reparación de automóviles y unos estudios que derivaron de la física, a la geología y las humanidades, hasta descubrir que ninguna de estas disciplinas le motivaba como él deseaba. Así que abandonó la universidad y con dos amigos abrió un taller mecánico y dedicó su tiempo libre a la escalada.
Galen compró una cámara Kodak Instamatic para tomar fotografías de sus salidas. Luego la cambiaría por una Nikon, y empezaría a vender algunas imágenes combinándolas con textos escritos por él mismo. A los 32 años, en 1972, decidió dedicarse profesionalmente al oficio de fotógrafo y escritor. Un golpe de suerte hizo que en 1973 tuviera que asumir él solo un reportaje sobre escalada para la revista National Geographic, cuando en un principio tan sólo debía haber sido el ayudante del fotógrafo oficial de la revista.
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En 1975 viajó por vez primera al Himalaya y sus expediciones y reportajes ya no se detuvieron hasta su muerte. Al contrario que otros grandes paisajistas, Rowell no utilizaba cámaras de gran formato, sino que se limitó intencionadamente al 35 mm para gozar de la máxima movilidad. Con frecuencia abogaba por el uso de modelos de cámara sencillos y ligeros que perturbaran lo mínimo la movilidad del fotógrafo. En sus paisajes, luces y formas coinciden de manera inusual; son momentos irrepetibles a los que él denomina “paisajes dinámicos”. En su clásico libro, Luces de montaña: En busca del paisaje dinámico narra en textos e imágenes su búsqueda de estas raras convergencias. En una frase extraída de esta obra nos muestra una de sus clarividentes opiniones sobre la constante preocupación de algunos fotógrafos sobre el equipo fotográfico: "Describir una sucesión de arranques, paradas, embragues, cambios de marcha y giros no explica más un viaje de lo que una descripción de tipos de cámara, aperturas, enfoques, distancias focales y películas podrían explicar acerca de mis fotografías, o las de cualquier otra persona."
Galen produjo 18 libros con textos y fotografías. En 1984 recibió el Premio Ansel Adams por su contribución al arte de la fotografía de la naturaleza y en 1986 empezó a escribir su popular columna mensual en la revista Outdoor Photographer, de la que luego publicaría dos recopilaciones en los libros Galen Rowell's Vision: The Art of Adventure Photography y Galen Rowell\'s Inner Game of Outdoor Photography. Unos días después de su muerte aparecieron sus dos nuevos libros California the Beautiful y High and Wild.

Fotógrafa y aviadora

Barbara Cushman había nacido en 1948 en Hawai, mientras su padre se encontraba destinado en la Marina en Pearl Harbor. Cuando tenía cinco años su familia se trasladó a Texas, para luego asentarse en California. Después se mudó a Aspen para diseñar ropa de esquí y luego regresó a California para estudiar Textiles and Business en la universidad.


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Barbara y Galen se conocieron cuando ella, como relaciones públicas de la empresa de material para montañismo North Face, le encargó unos textos sobre unos productos. Se casaron en 1981 y crearon su propia empresa, Mountain Light Photography. Viajaron a multitud de destinos por todo el mundo y trabajaron juntos en diversos reportajes, incluidos algunos para National Geographic. También se implicaron en la defensa de algunas causas, como la independencia del Tíbet, lo que les llevó a ser conocidos por el Dalai Lama. Las fotografías de Barbara habían aparecido en National Geographic, Outside, Plane & Pilot, y en muchos libros y otras publicaciones. Personalmente no he visto muchas fotos de ella, pero las pocas veces en que he tenido la ocasión, curiosamente me gustaron más que las de Galen sobre el mismo tema. Él decía de ella que tan sólo disparaba cuando algo le motivaba en extremo por lo que, en proporción, su porcentaje de fotos interesantes era mayor que el suyo.

Además de fotógrafo, Barbara era la diseñadora de la web www.mountainlight.com, era piloto de avioneta y acababa de terminar su primer libro a título individual, titulado Flying South: A Pilot's Inner Journey.
Después de años de dudas, hacía poco que Galen y Barbara acababan de trasladar su residencia y lugar de trabajo a las montañas que tanto amaban, habiéndose instalado en la localidad de Bishop, en la Sierra Nevada californiana. Ahora nos quedan sus libros y fotografías, y la sensación de que murieron haciendo lo que siempre habían deseado: viajar y fotografiar. Tal y como decía unos días después en un mensaje a Fotonatura el compañero Enrique López-Tapia: "Releyendo Luces de montaña una vez más, he encontrado estas frases en su último capítulo que ahora adquieren todavía más valor. Es mi pequeño homenaje a este gran y eterno fotógrafo de naturaleza: Esperando un momento afortunado mientras llevo conmigo una cámara en una aventura al aire libre, frecuentemente tengo la impresión de que no hay otra cosa en el mundo que preferiría estar haciendo ni otro lugar donde más me gustaría estar."
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