Cuesta entender la exagerada abundancia de buitres (de hasta seis especies distintas) que se pueden ver en la planicie de Serengeti. Sólo después de recorre este espacio natural tanzano y deslumbrarse por los cientos de miles de ungulados salvajes que inundan la sabana llegas a darte cuenta de cuán necesarias son estas aves para mantener limpio de restos animales el territorio. Sin embargo, entre los buitres no todo es paz y armonía, sino que el descubrimiento de unas carroñas, que enseguida atrae a estos gigantescos pájaros, provoca una dura disputa por saber quienes serán los primeros en aprovechar la pieza. Invariablemente, siempre resultan ser los buitres orejudos (también llamados oricús), que recuerdan vagamente a nuestros buitres negros quienes se hacen con este privilegio. Y no es de extrañar, dado su mayor tamaño y fortaleza, de los que parece alardear el ejemplar que en la imagen desaloja de los restos de una gacela al grupo de buitres comunes africanos que hasta ese preciso instante se las prometían muy felices.
Equipo
El equipo es el habitual, pero la película era de baja sensibilidad (400 asa), para evitar que la alta luminosidad de sol africano se la “comiera” materialmente.
Hecha a pulso, sólo apoyado desde la ventanilla de un 4x4 (sin saquito de alubias ni ayudas de otra índole).
Etiquetas
El momento captado es bueno... pero la dureza de la luz africana le resta un tanto de belleza, allí es casi obligado tirar fotos sólo al amanecer y anochecer si se quieren fotos resultonas, en cualquier caso enhorabuena y envidia sana que nos das por haber podido viajar allí, saludos.
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