Me atrapa la densidad de este charco donde se descomponen las hojas. Su color verde. Los ribetes rojos de las hojas caídas. Las pinceladas nítidas de las agujas de pino sobre ese mundo borroso. Las hojas del tilo como dos corazones a punto de tocarse. Despierta en mí una extraña sensación de algo antiguo y desconocido, de retorno, de inquietud. Lo difícil de la foto, como siempre para mí, fue encontrar el charco. Parafraseando a Cortázar diría que andaba sin buscarlo, pero sabiendo que andaba para encontrarlo.
Equipo
Olympus SP 550 UZ
Preciosista imagen. Sencilla, sin alardes pero con un gran contenido de sensaciones. Saludos cordiales.
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