Son unos bichitos curiosos y hermosos las libélulas. Con sus cuatro alas, como hadas, tienen un resplandor mágico. Son también depredadores que acechan desde sus posaderos y vuelan vertiginosos con un complicado juego de alas. Inofensivos con las personas, y tan pacientes conmigo que al cabo de un rato me ignoraron esa mañana de agosto. Cerré el diafragma todo lo que permitía la cámara, y el azar me proporcíonó algunas fotos de ellas a punto de posarse. La compañía de las hadas me hace sentir afortunado.
Equipo
Pentaxo Optio 550. A pulso. Ajuste de niveles y recorte de la foto con el software libre Gimp.
Hola, las libélulas son inquietas, a veces esquivas y desconfiadas, pero si das con un buen posadero territorial, desde el que caza y epera a futuras parejas, expulsando a los intrusos... entonces poco a poco te van permitiendo acercarte y captar decenas de instantes de sus sorprendentes constumbres y detalles... Me gusta tu foto por lo que significa... Parece un macho de Sympetrum fonscolombei... Un saludo.
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